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Cuando decidimos formar una familia, ¿En que estamos pensando? ¿Qué creemos vamos a obtener de ella? Las respuestas comunes tiene relación con la seguridad, alegría, conexión, amor e hijos. Y, ¿Eso es lo que siempre obtenemos cuando nos unimos?

Muchas veces pasa que al poco tiempo nos damos cuenta que no es como los comunes finales de cuentos de la infancia…“Se casaron, y fueron felices para siempre”.

¿Qué es lo que se interpone en nuestras buenas intenciones? ¿Los hijos? Quizás un poco, ya que vienen tomar el control de nuestros tiempos y están involucrados en cada decisión que tomamos. Mejor no hablemos de cómo se roban nuestro sueño y descanso. Pero vale la pena seguro, verlos reírse, aprender pequeñas cosas cada día, sus besos y cariños, de alguna loca forma compensan el esfuerzo que conlleva la crianza.

En nuestra experiencia, un enemigo oculto que se lleva nuestra alegría y conexión, es la negatividad. Buscamos una pareja para formar un equipo, para tener con quien contar. Pero, ¿Puedo acercarme a alguien que me critica? Difícil, quizás un par de veces siga intentándolo, pero en algún momento me alejaré. Quizás duerma en la misma pieza, pero me mantendré en una burbuja imaginaria protegiéndome. Y en esa situación, ¿Qué hace el otro? Lo que todos hacemos al ser atacados, atacar o huir.

Resultado, tú en tu esquina y el otro en la suya. Ambos con guantes de box, espadas y escudo por si me atacan.

Aunque mi crítica sea cierta, lo único que logrará es esta respuesta. A menos, que tengan la suerte de haberme emparejado con Gandhi, Buda, el Dalai Lama o la Madre Teresa de Calcuta.

La forma más eficiente de transformar a mi pareja en un lugar seguro, en el que podemos apoyarnos, es aumentar la positividad. Aumentar las veces en que te valoro, en que te agradezco, momentos en que te pongo atención escuchándote o preguntándote como estuvo tu día. Diciéndote cuando te quiero y recordando los lindos momentos hemos compartido.

No creo se pueda aspirar a cero negatividad. Eso, sí que sería un lindo cuento de hadas en el que vivir. Pero sí podemos aumentar lo positivo, con intención y voluntad. No será natural ni esperemos que lo sea, mientras lo que quiero es matar al otro.

El amor no es espontáneo, el amor es algo que hacemos deliberadamente y con esfuerzo.

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