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Tener una buena relación no significa estar de acuerdo en todo. Con nuestros cercanos: marido, hijos, padres, etc. siempre tendremos diferencias de opinión, criterios distintos y juicios variables; lo que en mi caso se vuelve una tortura… ¡Amo tener la razón! No siempre podremos lograr que el otro vea lo que nosotros vemos, o que haga lo que queremos. ¿Cómo podemos tener una buena relación, si vivimos pensando distinto?

Alguna vez escuché que “En el matrimonio, uno puede tener la razón o ser feliz”. Les pongo un ejemplo: imaginen que su señora o marido, a quien ustedes le han estado dando varias ideas para vivir una vida mas sana, le han recomendado nutricionista, distintos deportes, les han cocinado comidas más sanas y no han logrado que sostenga un hábito saludable. Un día, este marido o señora, llega contándoles que conoció a alguien y le recomendó un deporte y dieta (saludable) que les pareció fantástico y comenzará a hacerlo. ¿Cuál sería su respuesta? Probablemente algo como: \”¡Pero si te lo he dicho mil veces! Te he dado mil recomendaciones iguales y mejores, eres un porfiad@\”. Esto disminuirá considerablemente su motivación de tomar ese nuevo dato y por ende, la posibilidad de lo que tanto queríamos también nosotros: que tuviera una vida más sana y así estuviera más años junto a nosotros.

Con nuestros hijos, sobre todo adolescentes, el tiempo que le dedicamos a intentar llegar a acuerdos (o mejor dicho, controlarlos) es agotador. Lo peor es que muchas veces con pocos resultados. Por supuesto nuestros hijos necesitan reglas y límites y es responsabilidad de los padres poroporcionárselos. Al mismo tiempo, necesitan libertad y tomar sus propias decisiones y esto significa vivir las consecuencias de estas. La verdadera forma de aprender no es escuchando a alguien que me diga qué hacer, porque nada se aprende así, se aprende haciendo.

Las parejas que se mantienen unidas, no es porque estén de acuerdo en todo. Sino que han aprendido a enfrentar sus diferencias, han aprendido a gestionarlas, inventan soluciones estilo win-win (ambos ganamos), pero esto requiere mucha creatividad y paciencia, no son soluciones naturales, son soluciones creativas y distintas a lo obvio. También han aprendido, en los casos en que las diferencias dejaron heridas, a sanarlas, compensando con actos cariñosos.

Las buenas relaciones con nuestros hijos son similares, pero son los padres quienes están más a cargo y son más responsables de que éstas funcionen. Es fundamental saber que nuestros hijos son, en gran parte, lo que han visto que somos y hacemos nosotros. Les aseguro que si tratan a sus hijos con cariño, empatía y asertividad tendrán también su cariño y respeto.

  • Cariño: muestras permanentes de nuestro amor incondicional, con palabras, en tiempo y en gestos.
  • Respeto: me intereso en cómo está, lo que le importa y sus intereses, dejo que tome sus propias decisiones, a la vez que le cuento sobre mí.
  • Asertividad: llegamos a acuerdos que son buenos para ambos y escuchamos sus opiniones y pensamientos.

Cuidemos nuestras relaciones, es nuestra mayor fuente de felicidad. ¿Quiero tener el control o quiero tener una relación?

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