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La adolescencia es una etapa de grandes cambios en el sistema familiar. Tanto para los padres como para los mismos hijos.

Ya no nos encontramos con las tiernas niñas que creen que sus padres son súper héroe ó su mamá la mujer perfecta. Sino que ahora los desafían y comienzan a ver sus debilidades.

Ya comienzan a tener un cuerpo de adulto y por lo mismo empiezan a intentar ser uno. Nace el deseo de independencia, de diferenciarse, de conectarse con sus propios valores, a buscar sus propias respuestas y experiencias. No basta con lo que opinan los padres o lo que le dicen en el colegio. Quieren ellos encontrar respuestas y decidir de su futuro.

Qué hacemos como padres, continuamos con el mismo modo de operar que antes. Seguimos diciéndoles qué sí y qué no, continuamos preguntando y controlando que hacen. Y bueno, queremos lo mejor para nuestros hijos y esa forma de relacionarse antes funcionaba. Lo importante es tomar conciencia que ya NO. Debemos mirarlos como niños que se están transformando en adulto, y que en esta etapa de transición la confianza y las relaciones van a ser fundamentales.

No podemos negar que es una edad en donde pueden tomar muy malas decisiones, algunas irrevertibles. En vez que controlar, confiemos en los valores que como padres y colegio hemos transmitidos e indaguemos en qué están. No más charlas y más preguntas, preguntas de verdadero interés. En coaching les decimos preguntas abiertas, con las que podemos explorar. Ojalá estas preguntas comiencen con un qué, cómo, para qué, cuando. El preguntar por qué lleva a explicaciones, y lo que queremos es que reflexionen, mira las diferencias en estas dos preguntas:

¿Por qué tomaste trago? v/s ¿Para qué tomaste trago?

Algo que debemos cuidar al preguntar, es dar consejos con las preguntas, como por ejemplo: ¿Has pensado en dejar de juntarte con ese amigo? Mejor sería preguntar algo cómo ¿En qué te aporta esa amistad?

En esta edad comienzan a aprender el valor de los valores o ideales y comienza a tener los suyos propios. Conozcamos qué es lo que los moviliza, más que juzgar sus valores. Conectemos con ellos y movilicémoslos desde ahí. Si el deporte es un valor en tu hijo adolescente, conéctalo desde ahí con otras acciones. Por ejemplo, si quieres motivarlo a que valore más el esfuerzo, muéstrale historias de deportistas donde pueda conocer todo el esfuerzo que utilizó para llegar donde está, o muéstrale el valor del esfuerzo en los resultados, etc. Esto es más efectivo, que dar una cátedra desde lo que tú como padre opinas y esperas de él. No quiero que piensen que creo que no es correcto dar a conocer nuestras opiniones como padres. Solo te invito a entender y conocer las opiniones de tus hijos antes.

¿Cómo ha sido tu experiencia con tu hijo adolescente?

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