Tal como hoy la higiene física es fundamental para detener el Covid-19, también debemos cuidar de nuestra higiene mental y emocional para poder enfrentar de mejor forma esta situación. De esta manera tendremos un sistema inmune fuerte, tanto por si nos contagiamos o para enfrentar una cuarentena; y así luego retomar nuestras vidas con aprendizajes nuevos que nos permitan tener una vida más sustentable.

Partamos con lo básico: revisemos nuestros horarios de sueño y vigilia, nuestra alimentación y nuestro nivel de actividad física. Si estas 3 cosas no las estamos cuidando bien, ya partimos de una base inestable en donde pararnos mental y emocionalmente. Por aquí es donde debemos partir construyendo.

Nuestra mente siempre está escuchando, en consecuencia, eso que escuchamos reacciona y genera ciertas respuestas emocionales y físicas.

Si lo que escucha nuestra mente constantemente son pensamientos o noticias catastróficas, no podrá descansar y se mantendrá en un estado de alerta.

Luego, la sensación de seguridad ¿Te sientes a salvo?, ¿Estás haciendo cuarentena?, ¿Estas tomando las medidas higiénicas necesarias?, ¿Tienes una red de apoyo con la cual contar? Revisa si estas áreas estén cubiertas. Las redes de apoyo hoy están activadas virtualmente con nuestros cercanos, pero también se han abiertos nuevos canales de apoyo comunitario. Es fundamental saber con qué y quiénes contamos para apoyarnos. Somos seres sociales; sin otros, nuestra especie no sobrevive. Si te sientes solo, ¡debes saber que no lo estás! Estamos todos juntos en esto y contigo siempre está la persona más importante: TU.

Ahora ¿Cómo te sientes? ¿Te has detenido a mirar tus emociones? Seguro están todas revueltas; y es normal estar asustado y ansioso en estos momentos.

El miedo, aunque no nos guste, nos ayuda a cuidarnos. Desde él es que estamos tomando las medidas para detener esta pandemia. El miedo es una respuesta biológica que nos mueve a la acción. Nadie realmente quiere estar encerrado en su casa.

Aunque la obligación de detenernos puede ser una tremenda oportunidad si decidimos aprender de esto.

Distinta es la ansiedad, que es el miedo a un posible futuro catastrófico, creado por nuestra mente y que genera una respuesta física similar al miedo.

Sintomatología de la ansiedad: pecho y/o garganta apretados, rumiación sobre un tema o idea, problemas para dormir, sensación de despersonalización, irritabilidad, taquicardia, cosquilleo en extremidades, irritabilidad, inestabilidad emocional, entre otros.

La ansiedad se alimenta de:

La temporalidad: qué es lo que está pasando en mi presente inmediato.
El lenguaje: siempre será así, que pasaría si…, esto nunca pasará.
De lo que percibimos: ver, escuchar o leer todas las amenazas que existen, reales o imaginadas, generalizadas y/o aumentadas.
De lo social: escuchar los miedos de otros.
De la nuestra Fisiología: falta de sueño, exceso de cafeína o azúcar, drogas, sobre exigencia.

Si logramos controlar estos gatillantes podemos bajar la ansiedad.

Si de todas maneras la ansiedad sigue ahí, ¿Qué hacemos? La reconocemos y la miramos de frente. La ansiedad es bastante cobarde, al mirarla se hace pequeña. Nuestra mente no sabe si lo que pensamos es verdadero o falso. Podemos hacer ejercicios de imaginería: miramos eso que nos asusta y/o su sensación, le pones una forma, una intensidad, volumen, hasta temperatura puede ser. De esa forma la externalizamos y podemos meterla en una caja o la aspiramos con una aspiradora, por ejemplo. Existen en internet muchas imaginarias que nos pueden guiar en esto (también ejercicios de mindfulness).

Físicamente, al sentirla podemos tensar nuestro cuerpo, por ejemplo, apretamos los puños muy fuerte y luego soltamos; incluimos nuestra inhalación y exhalación (al soltar) y también puede ser una vocalización: aaaaaaa!!! (al soltar).

Así como generamos ansiedad/tensión, también podemos liberarla.

Ya sabemos que nuestra mente siempre escucha, ¿Qué queremos decirle?

Yo quiero decirle:

  • Tómatelo con calma, estamos todos en esto.
  • Respira, ya saldremos de esto.
  • ¿Qué es lo que necesitas? ¿Cómo podrías tener más de eso?
  • Es válido que te sientas así; te entiendo y lo acepto.
  • Si quieres llorar, puedes hacerlo. Si necesitas apoyo, puedes pedirlo.
  • Mira qué entretenido es este libro; que lindas las fotos de tu historia; mira que afortunada eres por…
  • ¿Qué temas te interesan? Aprovechemos de buscar información, libros y videos al respecto ¿Existen clases online de eso?
  • Ya veremos cómo lo hacemos; hoy sólo tenemos este día, aprovéchalo.
  • Escríbele o ten una video llamada con esa persona que es importante para ti y aprovecha de decírselo.
  • No estás sola, te tienes a ti y todos estamos en esto.
  • Te quiero.

¿Qué es ser familia?

Esta es una pregunta que no dejo de hacérmela. Aunque reconozco que tuve un gran ejemplo de familia gracias a mis padres y hermanos. Todo vuelve a cero al momento de empezar a crear lo nuestro. Me casé pensando que todo fluye, que con el tiempo iríamos construyendo la familia que quería tener, probablemente más conectada con lo que no quería, más que con lo que sí quería.

¿Es posible llegar al lugar deseado solo sabiendo a que lugares no quiero llegar? La verdad eso es un camino lentísimo y que puede traer muchas consecuencias. No te sirve saber que rutas no quieres tomar para llegar a tu lugar deseado, sino que debes buscar la ruta correcta.

He leído muchos libros de familia, pareja y crianza. Hemos decidido crear “La familia que quiero” con el fin de no solo ayudarnos a nosotras, sino poder gritarle al mundo que nuestras familias son nuestra responsabilidad y que el ser familia no se va dando con el tiempo, sino que hay que saber qué familia quiero tener para poder tomar las decisiones adecuadas. El amor de pareja no se mantiene solo, hay que cuidarlo a diario. Lo mismo en relación a los hijos, la crianza es difícil, nuestros hijos son un espejo de nosotros, entre otras cosas.

Nos casamos con otro que viene de una familia distinta. Y nuestra familia no se construye desde lo tuyo y lo mío, hay que construir lo NUESTRO, y que difícil es que se dé solo lo nuestro. Para eso tenemos que explorarnos, hablar, compartir miedos, sueños, esperanzas, deseos, etc. Lo más importante ver qué valores en común queremos que muevan a nuestra familia. Esto muchas veces lo evitamos y creemos que seguir avanzando va a permitir que aparezcan estos valores, grave error, porque cada vez comienzan a ser más difíciles de distinguir.

En La familia Que Quiero queremos prevenir esto, queremos acompañar a familia a que sepan qué hacer y qué no hacer de acuerdo a quiénes son, que batallas van a dar, cuales dejaran atrás y cómo será una familia que construye desde bases sólidas. Puede ser muy iluminador aprender estrategias de libros, leer sobre lo que hacen las parejas exitosas, qué necesita tu hijo dependiendo de su edad, etc. Pero ojo, no somos todos los seres humanos iguales, no todo lo que leemos nos servirá. Hay que ver qué sirve para tú relación de pareja y para cada uno de tus niños en particular, eso requiere de trabajo, de conocerse. ¿Cuánto tiempo dedicamos a esto?

El coaching de pareja y familiar busca eso, no necesitas estar mal como familia para pedir ayuda. Permite que nos conozcamos como personas y como familia. Prevenir es mucho más efectivo, que curar cuando ya las relaciones entre los miembros está dañada.

Si no te has preguntado ¿Para qué queremos ser familia? ¿Qué valores nos movilizan cómo familia? ¿Qué familia queremos construir? ¿Qué es para nosotros ser familia? ¿Qué necesidades tiene cada uno de nuestros hijos en particular? ¿Qué priorizamos en cada uno de nuestros hijos? ¿Cuáles son nuestros recursos como familia? ¿Cuáles son nuestras debilidades?

Has llegado al lugar perfecto, a “La familia Que Quiero”

Vive la experiencia de un coaching familiar y de pareja, juégatelas por lo que más quieres. Así como constantemente estas perfeccionándote en tu trabajo, también debemos hacerlo en lo que más nos aporta felicidad, en nuestras relaciones.

Separarse no es solo cerrar una historia; es comenzar una etapa completamente nueva. Ya no eres la misma persona que cuando te uniste a quien pensaste que sería tu compañero de vida. La vida cambia, tú cambias, y te toca reconstruirte.

Para los niños, también es un cambio profundo: la vida que conocían ya no será igual y, probablemente, se encuentren con nuevas figuras parentales o distintas formas de familia. Por eso, es fundamental estar atentos a sus necesidades, emociones y preguntas. Pero eso solo es posible si antes los adultos transitamos nuestro propio proceso de adaptación.

No podemos cuidar si no nos cuidamos. No podemos contener si no estamos contenidos. Pide y acepta toda la ayuda que necesites: terapia, amigos, familia, colegio, deporte, arte, libros, grupos de apoyo o simplemente escribir. Todo cuenta.
Lo mejor que puedes hacer por tus hijos es empezar por tu autocuidado.

Sanar toma tiempo. Algunos estudios estiman entre dos y cinco años para adaptarse realmente a una separación. No es rápido, pero puede ser un tiempo valioso de autoconocimiento, en el que te reencuentres contigo y construyas un futuro más consciente, más tuyo.

Al igual que los padres, los niños también sentirán miedo, tristeza o confusión. La incertidumbre los asusta, por eso necesitan claridad y coherencia. Aquí algunas preguntas que suelen tener —y cómo podemos responderlas con amor y honestidad:

¿Qué significa que se separen?
El papá y la mamá ya no vivirán juntos, pero seguiremos siendo tus padres para siempre. Puedes contar con nosotros, juntos o por separado. Dejamos de ser pareja, pero jamás dejaremos de ser tus padres. Seguimos siendo tu familia, aunque ahora de otra forma.

¿Por qué se separan?
Vivir juntos ya no era lo mejor para nosotros. Nos dimos cuenta de que estábamos más tristes que felices, y eso también afectaba a quienes queremos. Por eso elegimos separarnos: para poder estar mejor y cuidar el ambiente en el que todos vivimos. (Es importante ser sinceros, pero sin sobrecargar de información: los temas de pareja son de pareja, no de los hijos.)

¿Podemos hacer algo para que vuelvan a estar juntos?
A veces los niños no lo preguntan directamente, pero lo intentan con frases como: “¿Aún quieres al papá o a la mamá?” o “¿Podemos invitarlo?”. La verdad es que la separación no tuvo nada que ver con ellos. Nada de lo que hicieron la causó y nada de lo que hagan puede repararla.

Los hijos no pueden ni deben hacerse cargo de sus padres. Tienen otras responsabilidades: asistir al colegio, colaborar en casa —poner la mesa, ordenar, botar la basura— y, sobre todo, dejarse cuidar. No deben nunca sentirse obligados a elegir entre padres: el amor no se divide, se transforma. Solo cambia el contexto físico, no el vínculo.

Hablar, sentir, reparar

Explícales que pueden hacer todas las preguntas que necesiten, cuando lo necesiten.
Si no sabemos la respuesta, digamos con calma: “No lo sé, pero si alguna vez lo sé, te lo diré.” Y si la pregunta toca temas de adultos, podemos responder: “Eso pertenece al mundo de los adultos. No te preocupes, nosotros lo resolveremos y todo estará bien en este nuevo formato: distinto, pero bien.

Separarse remueve muchas emociones: tristeza, enojo, alivio, culpa, miedo. Negarlas no las hace desaparecer; vivirlas con conciencia es lo que realmente nos transforma. La mejor forma de enseñar regulación emocional a los hijos es con el ejemplo: si nosotros nos damos permiso para sentir, ellos también podrán hacerlo. Llorar no es debilidad, es humanidad. A veces lo más valiente es llorar juntos, porque cuando un hijo ve a un adulto sentir y sostenerse, aprende que las emociones no son peligrosas, que se pueden vivir sin miedo.

Separarse no tiene por qué ser una ruptura del amor, sino una oportunidad de reconfigurarlo.
El amor por los hijos puede ser el puente que mantenga viva la conexión, aun cuando el formato de familia cambie.
Y en esa nueva forma de amar, también hay espacio para crecer, sanar y volver a construir.

La adolescencia es una etapa de grandes cambios en el sistema familiar. Tanto para los padres como para los mismos hijos.

Ya no nos encontramos con las tiernas niñas que creen que sus padres son súper héroe ó su mamá la mujer perfecta. Sino que ahora los desafían y comienzan a ver sus debilidades.

Ya comienzan a tener un cuerpo de adulto y por lo mismo empiezan a intentar ser uno. Nace el deseo de independencia, de diferenciarse, de conectarse con sus propios valores, a buscar sus propias respuestas y experiencias. No basta con lo que opinan los padres o lo que le dicen en el colegio. Quieren ellos encontrar respuestas y decidir de su futuro.

Qué hacemos como padres, continuamos con el mismo modo de operar que antes. Seguimos diciéndoles qué sí y qué no, continuamos preguntando y controlando que hacen. Y bueno, queremos lo mejor para nuestros hijos y esa forma de relacionarse antes funcionaba. Lo importante es tomar conciencia que ya NO. Debemos mirarlos como niños que se están transformando en adulto, y que en esta etapa de transición la confianza y las relaciones van a ser fundamentales.

No podemos negar que es una edad en donde pueden tomar muy malas decisiones, algunas irrevertibles. En vez que controlar, confiemos en los valores que como padres y colegio hemos transmitidos e indaguemos en qué están. No más charlas y más preguntas, preguntas de verdadero interés. En coaching les decimos preguntas abiertas, con las que podemos explorar. Ojalá estas preguntas comiencen con un qué, cómo, para qué, cuando. El preguntar por qué lleva a explicaciones, y lo que queremos es que reflexionen, mira las diferencias en estas dos preguntas:

¿Por qué tomaste trago? v/s ¿Para qué tomaste trago?

Algo que debemos cuidar al preguntar, es dar consejos con las preguntas, como por ejemplo: ¿Has pensado en dejar de juntarte con ese amigo? Mejor sería preguntar algo cómo ¿En qué te aporta esa amistad?

En esta edad comienzan a aprender el valor de los valores o ideales y comienza a tener los suyos propios. Conozcamos qué es lo que los moviliza, más que juzgar sus valores. Conectemos con ellos y movilicémoslos desde ahí. Si el deporte es un valor en tu hijo adolescente, conéctalo desde ahí con otras acciones. Por ejemplo, si quieres motivarlo a que valore más el esfuerzo, muéstrale historias de deportistas donde pueda conocer todo el esfuerzo que utilizó para llegar donde está, o muéstrale el valor del esfuerzo en los resultados, etc. Esto es más efectivo, que dar una cátedra desde lo que tú como padre opinas y esperas de él. No quiero que piensen que creo que no es correcto dar a conocer nuestras opiniones como padres. Solo te invito a entender y conocer las opiniones de tus hijos antes.

¿Cómo ha sido tu experiencia con tu hijo adolescente?

Cuando alguien que quieres te cuenta un problema, ¿Qué haces?
Generalmente lo que hacemos es decirle: Ya pasará, no es para tanto, no vale la pena sufrir por eso, da vuelta la página, debieras haber hecho otra cosa, cómo no me preguntaste antes, etc.

Con esto minimizamos el dolor de la otra persona, lo que provoca que se sienta solo, incomprendido, más triste o desesperanzado. A pesar de que nuestra respuesta viene desde el amor y cariño que sentimos por esa persona, cuando tratamos sacarla de ese estado (pena, angustia, dolor) de esta forma, haciendo como que no importara lo que esta sintiendo, aumenta su pena mas que disminuirse.

Nuestra intención es buena, pero el resultado no. Se habrán dado cuenta que en el mejor de los casos la persona deja de hablar de su problema, pero su malestar permanece.

La verdadera escucha, no parte con un consejo o con un “ya pasará”, parte atreviéndonos a quedarnos ahí con el problema y la persona, recibiendo su emoción. Podríamos decir: ufff que terrible, cuanto lo lamento, eso suena difícil, cuéntame más de eso. Si logramos hacerlo, le damos un espacio al otro para sentirse querido y acompañado, para que sepa estamos ahí con él y su emoción.

Es paradójico: cuando nos quedamos en la emoción, ésta no aumenta sino que va disminuyendo, y si otro lo hace junto a nosotros se vuelve aún mas fácil. En pareja, cuando hacemos esto, logramos sentirnos conectados, conexión que necesitamos con urgencia porque el tiempo no esta de nuestro lado. Siempre falta tiempo. También logramos saber en qué y cómo esta la otra persona que tanto nos importa.

Con nuestros hijos, esto también ocurre, pero con una cuota mayor de responsabilidad ya que ésta es la forma de ir enseñándoles a manejar sus emociones, primero conociéndolas. Luego podrán ir aprendiendo formas para enfrentarlas y regularlas. No evitarlas, las emociones no se debieran evitar, son respuestas físicas que nos dicen cosas importantes en relación a nuestras vidas.

Me toca ver a diario en mi consulta, cuando recién llegan mis pacientes/clientes, que me cuentan cosas que suenan bastante difíciles como si me hablaran del clima. Tengo que hacer varias preguntas para entender por qué están ahí buscando ayuda si se ven tan bien con lo que está ocurriendo o les ocurrió, ahí recién empiezan a aparecer emociones, emociones dolorosas, vergonzosas, tristes, angustiantes, y es ahí cuando mas que encontrar una solución empieza la sanación.

Enfrentar, sentir y validar nuestras emociones es un aprendizaje a largo plazo, que nos permite entender que las emociones son parte de ser ¡humano!, nos ayudan y nos dan información valiosa de qué nos importa y de cómo cuidarnos.

Aprovecho de darle las gracias a todos aquellos pacientes que se han atrevido a aprender de esto y me han permitido a mí aprender de ellos. Yo también crecí pensando que era mejor no sentir y seguir para adelante.

Y no se preocupen, si nos atrevemos a mirar la emoción, ésta no toma el control de nuestras vidas, funciona exactamente al revés.

El miedo es una emoción básica, una experiencia universal y necesaria para sobrevivir. La respuesta natural es alejarnos de éste, ya sea físicamente o mentalmente.

 Si ves un animal peligroso ¿Corres hacia él? o ¿Corres lo más rápido posible hacia el otro lado? Si sabes que vas a hacer el ridículo, ¿Vas y te expones? ¿O lo evitas? Si crees que te van a rechazar en el amor ¿Te acercas y muestras tu necesidad de conexión?

Probablemente todos responderían qué correrían o evitarían tales situaciones. Respuesta normal y útil de sobrevivencia. (bueno, 99% siempre andan kamikazes por ahí),

A pesar de que no nos gusta el miedo, éste sigue presentándose en nuestras vidas. Miedo a estar solos, miedo a no ser suficiente, miedo a no ser querido, miedo a no lograrlo.

¿A qué le tienes miedo?

 Si no escuchamos nuestro miedo, si lo evadimos y nos desconectamos de él; vamos además alejándonos cada vez más de todo lo que sentimos. No podemos elegir qué emociones sentir.

Si quieres gozar, reír y amar intensamente la contraparte es atreverse a sentir aburrimiento, pena y soledad. ¡No son selectivas las emociones que queremos seguir sintiendo! La competencia emocional conlleva la conexión con todas las emociones o con ninguna.

Quién es valiente, ¿El que no tiene miedo o el que avanza con miedo?

 Llevo ya varios años trabajando con parejas y en trauma. La paradoja para resolver lo que complica a mis pacientes es atreverse a mirar aquello que no quieren ver o hablar por miedo, en general a sufrir, a no poder tolerarlo, a estar solos, a ser culpables…

Uno de mis pacientes, con una difícil historia de infancia (como muchos); prácticamente se crió solo, no conoció a su padre y permanentemente su madre anulo sus emociones. Hoy puede decir tiene una vida exitosa a nivel profesional, familiar y económico pero llegó absolutamente desconectado de sus emociones. Hoy está aprendiendo a sentir, a soltar y a estar en el momento presente sin importar lo que este le haga sentir. En una de nuestras sesiones, él me pregunto cómo es que yo podía pasar tanto tiempo escuchando cosas terribles y gente desdichada. Mi respuesta fue automática: Soy una agradecida del lugar que elegí, tú y otros pacientes me han enseñado a no tener miedo a lo que pasa o a lo que creo puede pasar, y a que sea lo que sea, pasará si nos atrevemos a mirarlo. También sé que en general pensamos mucho más catastróficamente de lo que realmente pasa.

Muchos miedos parten físicamente, nuestros cuerpos gritan que los cuidemos, que descansemos, que busquemos contención, pero seguimos haciéndolo funcionar. El cuerpo grita en una crisis de pánico con el pecho apretado o en una depresión robándonos la energía por ejemplo. Estamos educados y nos aconsejamos ignorar el miedo, esconderlo y taparlo con lo que podamos. (fármacos, compras, alcohol, por ejemplo). Lo que no es necesario ya que lo hacemos naturalmente, nos disociamos del miedo.  No podemos hacerlo desaparecer o que sea agradable, lo que podemos hacer es aprender de lo que nos deja.

Piensa en una situación difícil que hayas vivido ¿Qué has aprendiste de ella?

Atrevernos a mirar el miedo nos ayuda a dejarlo ir, a tomar acciones para cuidarnos en el futuro, también para animarnos a salir de donde estamos si no es bueno para nosotros.

Pero es importante entender que muchos miedos son sólo fantasías. Se sienten con intensidad porque se juntan con otros miedos que andamos acarreando. Debido a que no nos atrevemos a mirarlos, entonces se guardan en un saquito dentro de nosotros.

El valiente avanza con miedo, locura es no tener miedo.

Creo que en la vida siempre podemos aprender del otro. Cada persona cuenta con increíbles valores, sueños, experiencias y vivencias. A veces solamente andamos buscando lo malo que hay a nuestro alrededor para sentirnos mejor con nosotros mismos o con nuestras vidas. Los mismos medios de comunicación nos muestran eso, siempre están mostrando tragedias ¿Eso es lo que queremos ver?

Hoy quiero hablar de una persona que salió en las noticias y en muchos medios, efectivamente por una tragedia que vivió, pero no quiero poner foco en eso, quiero que veamos cómo de una situación que no está en nuestras manos pueden salir tantas cosas buenas, y eso a mi parecer es lo que se debe mostrar al mundo, aportemos inspiración y resiliencia.

La invitada a estas páginas será la Berni, una mujer de 26 años, a la que tuve la suerte de conocer desde chica. En esos tiempos la Berni siempre me llamó la atención por su belleza y alegría, me acuerdo de ella jugando con sus hermanas, tenía humor y personalidad.

Esta mujer tiene toda mi admiración, por su fortaleza y por su capacidad de ser protagonista, de elegir cómo vivir. La Bernardita el 2016 sufrió un accidente en el que quedo parapléjica. Debo reconocer que al principio su historia me partió el corazón. No podía imaginar a una mujer tan linda, simpática y llena de amigas enfrentándose a una situación como ésta.

Su forma de desenvolverse me reafirmó mi concepto de libertad y lo que es mirar lo que sí tengo, más que lo que me está incomodando o no me gusta. Hoy me siento llena de energía y con ganas de que nada me bote. Así es, ella me enseñó a tomar decisiones y a que no me coman los problemas. La Berni eligió cómo quería vivir siendo parapléjica, y no es desde la victimización, es desde el ver lo bueno, sus posibilidades y el mensaje que puede entregar con su experiencia a los demás.

Hoy es una mujer que es una gran inspiración para el mundo, cuenta con miles de seguidores en su instagram. Además escribe sobre sus vivencias y sobre la discapacidad e inclusión. Lo que me gusta es que muestra cómo se enfrenta a las dificultades, como sufre, como tiene que trabajar con disciplina, como siente dolor físico, entre otros y al mismo tiempo cómo elige vivir y enfrentarlo. Cito una frase de unos de sus escritos: \”No nos quedemos en el “no puedo”, sino que tomemos el “cómo puedo”. Busquemos SO-LU-CIO-NES y no nos estanquemos en el problema”.

Hemos escrito sobre la responsabilidad incondicional, sobre la importancia de ser parte del problema para ser parte de la solución. De elegir cómo desenvolverme en el mundo, siendo víctima o siendo protagonista. Hoy doy a conocer a una gran PROTAGONISTA, que ya no sólo tiene belleza interna para mí, sino que esa silla de ruedas ha sacado lo mejor de ella, una mujer que el mundo tiene que conocer, que es una inspiración en lo personal y que me alegra que mis hijas admiren y quieran ser como ella.

Podría elegir algún libro para inspirarme en este tema, pero este ejemplo de vida me parece mucho más significativo que cualquier buen libro que he leído o curso al que he asistido.

Berni: has sido tu mejor coach, gracias por difundir tu historia y vivencias a quienes nos cuesta ver que siempre hay oportunidades.

Estas son las noticias que valen la pena difundir para aspirar al bienestar y a un mundo mejor.

Y tú, ¿Cómo eliges vivir?

“Estar en esta silla me ha enseñado mucho sobre el amor, incluso más de cualquier persona o relación que haya tenido” – Bernardita Santa Cruz C.

Hace unos días me tocó conversar con un grupo de personas muy interesadas por los desafíos que se presentan a nivel familiar, en especial de la difícil vida de pareja. Uno de ellos me preguntó cómo lograba desenvolverme como madre y mujer, y qué recomendaría a las parejas que se encuentran en mi misma etapa: “la crianza”.

Mirando hacia atrás me di cuenta que en muchas situaciones dejé que mi familia y mi matrimonio fluyera. No puedo decir que hoy es totalmente distinto. Pero sí que elegí ser protagonista y decido qué relaciones quiero tener y cómo.

Para comenzar a ser protagonista y decidir qué pensar y qué hacer con nuestras relaciones es importante tener claro que todos pensamos e interpretamos distinto. Creemos que el otro tiene que leernos la mente para satisfacer nuestras necesidades. “Cómo no se da cuenta que necesito un minuto para mí”, “Por qué es tan poco cariñoso(a)”. No creas que son malas intenciones, el otro la mayor parte de las veces no lo ve o no sabe lo que tú necesitas. Cada persona tiene una historia y experiencias distintas que lo hacen ser un observador distinto y único.

Hay formas o acciones del otro que muchas veces no nos gustan. \”¿Por qué no se le ocurre regalarme flores?\”, \”¿Cómo puede regalarme una máquina para hacer helados para mi cumpleaños?\”, \”¿Cómo no se da cuenta de la presión que siento al sostener esta familia?\”, \”¿Por qué siempre ella o él está cansada(o)?\” y un largo etcétera. Detalles, ¡algunos sí! Pero que finalmente se transforman en interpretaciones tipo. “Mi pareja no me conoce”, “no le intereso”, \”no hace ningún esfuerzo por mí”, “no me apoya””. Eso, ya no es un detalle, son juicios que van a afectar en nuestra relación de pareja y en nuestro bienestar.

Entonces, ¿qué hacer?: Tomemos en cuenta que lo que es obvio para ti, solo es obvio para ti. Somos distintos y eso es lo que nos complementa.

En vez de criticar, transforma esa crítica en pedidos efectivos y que eviten el interpretar de manera incorrecta lo que sucede en tu relación de pareja.

El pedir permite coordinación de acciones, eso se asocia a mejores resultados y a contribuir en la confianza. Hablamos de una confianza que es construida, que tiene que ver con una historia de impecabilidad, de cumplir con los compromisos, de que el otro ha estado ahí y que a pesar de ver mi vulnerabilidad no me daña, sino que me cuida. Ésa es la confianza que se construye y que es poderosa.

Muchas veces no pedimos porque nos falta considerar que lo merecemos o que tenemos el valor suficiente para pedir. Cuando pensamos: “¿Quién soy yo para pedir eso?” o “¿Cómo le voy a pedir eso?” nos estamos faltando el respeto a nosotros mismos y nos ponemos, en un lugar inferior al otro, lo que tiene que ver con la autoestima. No perdemos nada, sólo corremos el riesgo de recibir un \”No”, este te invito a respetarlo y negociarlo. Es mejor un no, a comprometerme a algo que no voy a hacer: eso sí que destruye confianza y conexión.

La calidad del mensaje también es una variable fundamental. No es efectivo pedir “quiero que me valores” o \”quiero que estés más cerca”. Es fundamental hablar acerca de la acción específica que vamos a pedir y siempre en positivo. No hacemos una maleta, cuando nos vamos de vacaciones, pensando en lo que no queremos llevar (imagínense lo que sería, ¡Una locura! Mil tiempo perdido y probablemente se nos quedarían la mitad de las cosas)

Un ejemplo de un buen pedido es: “Cuando llegas en la tarde me sentiría más valorado(a) si me saludas con un beso”, “Te pido que antes de salir con tus amigas me ayudes a bañar a los niños y ponerles pijama”, “Te pido que me regales flores una vez al mes, eso para mí es un gran gesto de cariño”.

Un pedido no cumplido muchas veces está relacionado a que no fue un pedido bien planteado. El otro no tiene por qué saber qué hacer para que tú te sientas mejor, así que hazte cargo de que haga lo que necesitas, diciéndoselo.

Conversa con quienes quieres cuidar tu relación, pregúntales qué necesitan de ti y tú pídele lo que esperas de ellos.

\”¿Qué pedidos puedo hacer a los miembros de mi familia?\”, \”¿Qué necesito de mi pareja?\”, \”¿Qué pedido haré hoy para comenzar a ser protagonista de mis relaciones?

¡Mucha suerte!

Las entrevistas en el colegio son momentos decisivos en la vida escolar de nuestros hijos. No son instancias menores: allí se cruzan miradas, emociones y expectativas sobre lo que más amamos en la vida. Para cualquier padre o madre, estas conversaciones pueden generar alegría, orgullo, preocupación o pero también dolor.

Lo que nos cuentan los profesores puede coincidir con lo que vemos en casa o ser completamente distinto. Y eso toca fibras profundas. De repente, lo que parecía un simple encuentro se transforma en un espejo: no solo se habla de nuestros hijos, también de cómo los estamos acompañando como familia.

Por eso, vale la pena preparar y vivir estas entrevistas de manera consciente. No se trata solo de “sobrevivir” a la instancia, sino de aprovecharla como una oportunidad para crecer en comunidad, fortalecer vínculos con el colegio y, sobre todo, acompañar mejor a nuestros hijos.

Aquí algunos tips esenciales para transformar estas entrevistas en un espacio de construcción y confianza mutua:

1. Prepara tú también la entrevista

Así como el profesor prepara sus observaciones, tú puedes llegar con claridad sobre qué quieres preguntar y qué deseas compartir. Piensa antes:

  • ¿Qué aspectos de tu hijo(a) quieres destacar?
  • ¿Qué dudas o preocupaciones quieres aclarar?
  • ¿Qué apoyo necesitas del colegio y qué apoyo puedes ofrecer tú?

Un ejemplo: si tu hijo está con dificultades para concentrarse, en lugar de esperar a que lo digan, puedes preguntar: “¿Cómo ven ustedes su nivel de atención en clase? En casa hemos notado…”. Esto genera un diálogo más abierto y colaborativo.

2. Menos enjuiciar, más indagar

Es natural sentir la necesidad de defender a tu hijo o incluso a ti mismo. Pero si reaccionamos desde el juicio, nos cerramos a aprender. La clave es preguntar y profundizar:

  • ¿Qué observan concretamente cuando dicen que mi hijo es inquieto?
  • ¿En qué situaciones se da más este comportamiento?
  • ¿Qué estrategias ya han probado y cuáles resultan mejor?

Esto te permitirá pasar del juicio a la comprensión. Cuando indagas, abres caminos para trabajar juntos en lugar de quedarte atrapado en la crítica.

3. Haz brillar a tu hijo(a)

Muchas veces el foco está en lo que falta o en lo que hay que mejorar. Como papás, podemos equilibrar esa mirada recordando también sus fortalezas. Pregunta:

  • ¿Qué fortalezas o recursos han visto en nuestro hijo(a)?
  • ¿Dónde creen que puede mostrar más su creatividad o generosidad?

Cuando los profesores conocen esas virtudes, pueden generar espacios para que tu hijo(a) brille y se conecte con lo mejor de sí mismo. Las fortalezas son la base del desarrollo.

4. Desafíos y plan de acción compartido

Una entrevista sin acuerdos es solo una conversación más. Por eso es importante co-construir un plan con pasos concretos:

  • Define junto al profesor cuáles son los desafíos prioritarios.
  • Pidan que los acuerdos queden por escrito.
  • Establezcan cómo se hará seguimiento (correo, reunión breve, próxima entrevista).

Así se pasa de la conversación a la acción, y todos asumen responsabilidad en el proceso.

5. Explora y gestiona tus emociones

Todo lo que escuches lo recibirás en primera persona. Puede doler, puede enorgullecer, puede generar rabia. No ignores esas emociones: obsérvalas y piensa qué te están diciendo sobre tus expectativas, tus miedos y tus prioridades como madre o padre.

Hablar de esto en pareja también ayuda. Pregúntense:

  • ¿Qué es lo que más nos importa educar ahora?
  • ¿Qué batallas queremos dar y cuáles podemos soltar?
  • ¿Qué valores queremos que sean el motor de nuestras decisiones?

Gestionar tus emociones antes y después de la entrevista te permitirá responder con calma y sabiduría, en lugar de reaccionar impulsivamente.

6. Transforma tus críticas en pedidos

Si algo no te parece, evita quedarte en la queja o en el “esto no sirve”. Reformula lo que piensas como un pedido claro:

  • En vez de: “No lo están apoyando bien en matemáticas”.
  • Prueba con: “¿Podríamos buscar juntos una estrategia para acompañarlo mejor en matemáticas? En casa hemos probado…”.

El pedido abre posibilidades, la crítica cierra puertas.

Para qué hacer todo esto

Porque la educación de nuestros hijos es una tarea compartida. No se trata de “defenderlos” ni de demostrar que tenemos la razón, sino de crear lazos de confianza con quienes los acompañan gran parte de su vida escolar.

Aunque no siempre estemos de acuerdo, escuchar, indagar y transformar las conversaciones difíciles en oportunidades nos permite construir un verdadero equipo en torno a nuestros hijos.

¿Cómo ha sido tu experiencia? ¿Te fue útil esto? Nos interesa tu opinión.

Tener una buena relación no significa estar de acuerdo en todo. Con nuestros cercanos: marido, hijos, padres, etc. siempre tendremos diferencias de opinión, criterios distintos y juicios variables; lo que en mi caso se vuelve una tortura… ¡Amo tener la razón! No siempre podremos lograr que el otro vea lo que nosotros vemos, o que haga lo que queremos. ¿Cómo podemos tener una buena relación, si vivimos pensando distinto?

Alguna vez escuché que “En el matrimonio, uno puede tener la razón o ser feliz”. Les pongo un ejemplo: imaginen que su señora o marido, a quien ustedes le han estado dando varias ideas para vivir una vida mas sana, le han recomendado nutricionista, distintos deportes, les han cocinado comidas más sanas y no han logrado que sostenga un hábito saludable. Un día, este marido o señora, llega contándoles que conoció a alguien y le recomendó un deporte y dieta (saludable) que les pareció fantástico y comenzará a hacerlo. ¿Cuál sería su respuesta? Probablemente algo como: \”¡Pero si te lo he dicho mil veces! Te he dado mil recomendaciones iguales y mejores, eres un porfiad@\”. Esto disminuirá considerablemente su motivación de tomar ese nuevo dato y por ende, la posibilidad de lo que tanto queríamos también nosotros: que tuviera una vida más sana y así estuviera más años junto a nosotros.

Con nuestros hijos, sobre todo adolescentes, el tiempo que le dedicamos a intentar llegar a acuerdos (o mejor dicho, controlarlos) es agotador. Lo peor es que muchas veces con pocos resultados. Por supuesto nuestros hijos necesitan reglas y límites y es responsabilidad de los padres poroporcionárselos. Al mismo tiempo, necesitan libertad y tomar sus propias decisiones y esto significa vivir las consecuencias de estas. La verdadera forma de aprender no es escuchando a alguien que me diga qué hacer, porque nada se aprende así, se aprende haciendo.

Las parejas que se mantienen unidas, no es porque estén de acuerdo en todo. Sino que han aprendido a enfrentar sus diferencias, han aprendido a gestionarlas, inventan soluciones estilo win-win (ambos ganamos), pero esto requiere mucha creatividad y paciencia, no son soluciones naturales, son soluciones creativas y distintas a lo obvio. También han aprendido, en los casos en que las diferencias dejaron heridas, a sanarlas, compensando con actos cariñosos.

Las buenas relaciones con nuestros hijos son similares, pero son los padres quienes están más a cargo y son más responsables de que éstas funcionen. Es fundamental saber que nuestros hijos son, en gran parte, lo que han visto que somos y hacemos nosotros. Les aseguro que si tratan a sus hijos con cariño, empatía y asertividad tendrán también su cariño y respeto.

  • Cariño: muestras permanentes de nuestro amor incondicional, con palabras, en tiempo y en gestos.
  • Respeto: me intereso en cómo está, lo que le importa y sus intereses, dejo que tome sus propias decisiones, a la vez que le cuento sobre mí.
  • Asertividad: llegamos a acuerdos que son buenos para ambos y escuchamos sus opiniones y pensamientos.

Cuidemos nuestras relaciones, es nuestra mayor fuente de felicidad. ¿Quiero tener el control o quiero tener una relación?

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